martes, 10 de mayo de 2011

TANTOS NOMBRE Y NINGUNO

Pan de palo, ñame de palo, pan del año, fruta pan, castañas… tantos nombres que parecieran no ser ninguno pues a la hora de definir el fruto se confunden. Se trata del  Artocarpus communis, hermoso árbol de grandes hojas, cuyas variedades más comunes en Venezuela dan el fruto de la castaña, como una gran cabeza con espinitas redondeadas y un puño de frutos en su interior, y lo que en Paria llamamos pan del año, redondo el fruto sin semillas, con la piel llena como de ojitos; tierno el verde que encierra celoso una masa blanco-amarillenta de delicado olor y sabor.
Nadie me ha podido explicar en diez años cómo diferenciar los dos árboles, a excepción de un muchachón en la carretera a Cangua que dijo…usté espere a que la mata para y ya verá si da castaña o pan del año, razonamiento que se cae de la mata como fruta madura.
Veamos la castaña. Verdes se guisan en tarkary, con curry y aliños criollos. A mi me gusta mezclarla con lairenes para rellenar tiernas codornices y pollitos de campo que luego baño en salsa de mostaza y chocolate. Sancochada es la manera màs común de encontrarla, la gente pela  las castañas y las come de merienda. En algunos países las muelen y hacen una harina con la que se prepara un atol de desayuno.
Con una miel bien especiada se convierten en un postre inusual para acompañar, por ejemplo, un cremoso helado de sarrapia.
Me gustan las castañas pero el pan del año es mi fiesta cuando lo consigo. Se puede hornear, sancochar, freir, usar como acompañante, en ensalada, hacer sopa, buñuelos y si está maduro se convierte en un pudín maravilloso aromatizado con agua de azahar o en merengada y hasta daikiri.
Para los nativos de Hawai se llama Ulu y es un regalo de dioses tan preciado que hay un libro entero con recetas.
A estos trópicos llegó, entre otras vías, en un segundo intento de William Bligh, capitán del   Bounty,  el  barco de la armada británica del famoso motín en 1787, en el que unos marinos furiosos tiraron por la borda los 1.015 ejemplares de Artocarpus que el capitán  traìa a las Antillas para el futuro uso de la fruta pan como alimento de los esclavos en los cañaverales.  
Parece ser que tras el motín había una buena ración de historias de amor entre británicos y tahitianas pero no si fue esa la razón para que la saga Bounty  fuera llevada tres veces al cine con actores como Charles Laughton y Clark Gable, en una segunda versión Marlon Brando, Trevor Howard y Richard Harris, y una tercera con Anthony Hopkins, Mel Gibson, Lawrence Olivier, Liam Neeson y Daniel Day-Lewis.
Lo cierto es que de este árbol esbelto y siempreverde todo sirve, o sirvió: el latex como chicle, para reparar redes y canoas, para curar cíatica, diarrea y disentería; las hojas como platos, para bajar la presión sanguínea, retener el asma y como amparo del sol.
Las flores masculinas quemadas son tremendo repelente y con la madera se hacen viviendas y embarcaciones. Las raíces maceradas se dice que tienen usos dermatológicos.
En fin, me queda un cierto sabor de poca valoración de nuestros recursos, como el caso de estas humildes frutas con altos contenidos de hidratos de carbono, calcio, potasio, fósforo, Hierro, Sodio, Vitaminas B1, B2, B3 y C, tan a nuestra mano, o boca, y que no pasan de ser un vago recuerdo de patio familiar o cuento de abuelitas.
 PUBLICADO EN PALADARES ARTE GASTRONÓMICO